
*El acarreo de la ilusión
*La carroña
*La soberanía de idiotas
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El alcalde juarense Cruz Pérez Cuéllar anda pregonando por todos lados que le llenó la equis a la presidente Claudia Sheinbaum, pero lo cierto es que nuevamente Morena fracasó en su movilización.
Juntaron cerca de 12 mil personas pero las distribuyeron de forma separada para hacerlas parecer muchas más, incluso algunos morenos exagerados y perdidos de la realidad como el propio alcalde juarense, aseguran que a su movilización acudieron cerca de 40 mil personas.
Aunque 12 mil acarreados no es un número menor e incluso triplica la asistencia de la fallida marcha contra Maru Campos, para haber sido en Ciudad Juárez sí representa un rotundo fracaso, pues se trata de una ciudad morenista que sin problema tuvo que haber llenado la explanada, pero no fue así, los huecos de los enormes corredores que pusieron fueron matizados con tomas aéreas inclinadas.
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El que anda como buitre es el rector de la Universidad Tecnológica de Ciudad Juárez, Oscar Ibáñez, quien no ha respetado ni el luto por el lamentable fallecimiento de Marco Licón.
El accidente fue muy trágico y no sólo Marco Licón perdió la vida, sino también una de sus hijas, haciendo la tragedia aún más dolorosa. Catalogado como un servidor público muy capaz, carismático y con una amplia trayectoria, no sólo en el servicio público en lo general, sino también en la grilla y estructuras políticas.
Ahora resulta que el buitre de Ibáñez a sólo unas horas del accidente, se puso a buscar la titularidad de la Junta Municipal de Agua y Saneamiento de Ciudad Juárez. Así de perverso y arrastrado es este personaje.
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Mientras el domingo Claudia Sheinbaum subía al templete con un discurso de confrontación contra Estados Unidos, donde actuó más como una dirigente de partido que como una mandataria, acusando injerencias y llamando a cerrar filas en defensa de la soberanía, apenas unas horas después apareció una versión completamente distinta en Palacio Nacional. Ya no era la mandataria que denunciaba una supuesta ofensiva extranjera; ahora aclaraba que Donald Trump no estaba detrás de ella y que, en realidad, los responsables serían otros grupos políticos y mediáticos. Incluso la propia presidente reconoció que no considera a Trump el responsable directo de esa supuesta campaña de la derecha, pese a que durante días la narrativa oficial apuntó en dirección contraria.
El problema para Morena es que el tema ya dejó de ser un asunto de discursos. Mientras desde Palacio Nacional se insiste en denunciar intervencionismo, las autoridades estadounidenses continúan avanzando en investigaciones, procesos judiciales y retiro de visas contra personajes señalados por vínculos con el narcotráfico. Los casos relacionados con funcionarios y exfuncionarios de Sinaloa siguen creciendo en tribunales de Nueva York, mientras Washington mantiene la presión sobre las estructuras políticas que considera vinculadas al crimen organizado.
La verdadera contradicción es que el gobierno federal intenta presentar cada acción de Estados Unidos como un ataque a la soberanía nacional, cuando retirar visas, abrir investigaciones o procesar delitos en territorio estadounidense forma parte de las facultades de ese país. El problema no es que Washington investigue; el problema para Morena es que cada semana aparecen más nombres en la conversación pública. Y conforme la lista crezca, cada mañanera será menos un ejercicio de comunicación y más una conferencia de control de daños.


