La guerra por el Cabrito


En Morena ya empezaron a operar con una regla vieja de la política: cuando alguien empieza a crecer, primero se le desacredita y luego se intenta explicar que nunca fue relevante. El objetivo ahora parece ser Alan Falomir. La narrativa que comenzaron a empujar fue que desde la Junta Municipal de Agua y Saneamiento estarían presionando empleados para llenar la concentración convocada por el PAN Nacional en Chihuahua. El problema no es el señalamiento; el problema es que si fuera una denuncia seria, tendría nombres, pruebas y procedimientos. Pero cuando el expediente cabe completo en una publicación pautada y en rumores reciclados, deja de parecer denuncia y empieza a parecer estrategia.

La pregunta incómoda no es si la gente irá o no irá al evento. La pregunta es por qué, entre tantas dependencias estatales y municipales, el reflector cayó exactamente sobre la que encabeza quien hoy aparece en varias conversaciones políticas como uno de los perfiles competitivos rumbo a la alcaldía de Chihuahua. En política casi nunca hay casualidades: hay cálculos. Y si alguien decidió convertir una convocatoria partidista en un misil dirigido a un solo personaje, es porque en el tablero alguien ya lo está viendo como amenaza real.

Mientras unos intentan construir estructura, otros parecen apostarle a construir sospechas. Porque cuando el rival todavía ni es candidato y ya le dedican campañas, rumores y publicaciones con pauta, el mensaje termina siendo otro: no le tienen miedo al cargo… le tienen miedo al crecimiento.



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